¿Tienes dudas? Te escuchamos.

La Fundación Dr. Ángel Bueno Gracia.
Una vida buscando respuestas

El origen. El legado de un doctor excelente

Mi ilusión desde pequeño fue seguir el camino de mi padre y dedicarme a ayudar a las personas a mejorar su calidad de vida, utilizando las mejores herramientas de las que dispone la medicina en cada momento. Mi padre era un gran médico y en mi niñez decidí que haría todo lo necesario para continuar su labor.

El Dr. Ángel Bueno Gracia, mi padre, tenía muchos valores. Uno de ellos era su buen “ojo clínico”. Casi no había traspasado el dintel de la puerta de su despacho el paciente y ya era capaz de adivinar un diagnóstico. Y la verdad es que acertaba casi siempre, tal era su capacidad de observación. La otra particularidad profesional era su aperturismo; cuando tenía conocimiento de cualquier técnica diagnóstica o terapéutica que pudiera servir a sus pacientes, iba donde pudiera aprenderla, la estudiaba en profundidad y luego decidía si realmente servía o no. Fue pionero en muchos tratamientos innovadores.

Como médico tenía 5 especialidades, aunque se dedicó en cuerpo y alma a la Reumatología. Fue uno de los especialistas más reconocidos en España en este campo y, por supuesto el más renombrado en Aragón. Recibía a pacientes de toda España por sus buenos resultados y su práctica tan innovadora. Fue el primero en adquirir equipos como el “Radar”, el láser, o en aplicar la mesoterapia en España.

Pero lo que sus pacientes más valoraban, por encima de su profesionalidad, era su cercanía, su gran cariño hacia cada paciente y su dedicación y lucha en las enfermedades más complicadas. Era el médico de los casos perdidos. Si él no sacaba adelante al paciente, raramente otros lo hacían.

“Por encima de la profesionalidad, estaba el gran cariño y dedicación hacia los pacientes”

Esa apertura de mente y curiosidad eran contagiosas. Esto me llevó a iniciar con él, a la vez que cursaba mi primer año de Medicina, estudios en Medicina China, Fitoterapia, Homeopatía, Mesoterapia, Laserterapìa, etc…

Mi padre no sólo me dio las bases científicas y el conocimiento esencial que fue completando mi carrera de Medicina sino que me dio la oportunidad de trabajar con él a partir de mi tercer curso de carrera. Esto me permitió adquirir un nivel práctico que pocos compañeros podían alcanzar en ese momento.

Pero además, trabajar con él en su consulta me proporcionaba unos ingresos económicos que invertí en mi formación primero y, un año después de licenciarme en Medicina en Zaragoza, en abrir lo que hoy es Biosalud Day Hospital, el primer Hospital de Día especializado en la Enfermedad de Lyme con un enfoque completamente integrativo.

“La inquietud por adquirir las técnicas más avanzadas nos ha acercado a pacientes de más de 60 países”

Este centro aúna las ventajas de las Medicina Convencional con las de la Medicina Biológica y ofrece a nuestros pacientes las técnicas más avanzadas tanto a nivel diagnóstico como terapéutico. Esta inquietud y esfuerzo nos ha dado un gran prestigio internacional que nos acerca a pacientes de más de 60 países.

“El Dr. Ángel Bueno Gracia nos marcó un camino: buscar soluciones ante patologías complicadas y para las que la Medicina no ofrece respuestas”.

Fue tan importante para mi la figura de mi padre, sus enseñanzas, su apoyo y su alto nivel humano que, junto con mi mujer e hijos Alejandro y Guillermo, hemos decidido ser el motor inicial de la Fundación Dr. Ángel Bueno Gracia – SOS Lyme. Queremos reconocer así su labor y seguir el camino que él nos marcó siempre: el de buscar soluciones ante patologías complicadas y para las que la Medicina tiene muchos vacíos en medios diagnósticos y terapéuticos.

El inicio de nuestra andadura como Fundación se va a centrar en la lucha contra la Enfermedad de Lyme. Como profesional, estoy en primera línea de batalla en el diagnóstico y tratamiento de dicha enfermedad y conocemos de primera mano lo que sufre el enfermo de Lyme, los años que tarda en ser diagnosticado, si llega este diagnóstico, el desconocimiento de la clase médica en torno a esta patología por falta de formación reglada y, por supuesto, el olvido de las instituciones sanitarias y gubernamentales a nivel autonómico, nacional e internacional.

Una vez que se diagnostica a un paciente, el tratamiento es complejo, costoso y, muchas veces ineficaz por estar mal planteado. Vemos cada día como el Lyme destroza familias enteras y puede arruinar la vida personal y profesional del paciente que lo padece. Nos vemos en la obligación moral de hacer todo lo que esté en nuestra mano para cambiar esta situación a través de esta Fundación SOS Lyme.

Somos muy conscientes de que nos enfrentamos a una tarea difícil, muchas personas recelosas, asociaciones de pacientes guiadas por intereses personales o de terceros que merman las posibilidades de curación de los enfermos haciéndoles creer que como ellos no se han curado, los demás tampoco. La curación requiere empeño, constancia, una inversión importante en salud que no todos pueden afrontar e, incluso, suerte.

El propósito. Conocer una de las enfermedades más complejas

Mi gran vinculación con la Enfermedad de Lyme empezó hace 10 años. Una persona de Donostia pidió cita en mi clínica, remitida por un centro alemán especializado en Lyme. Le recomendaron que complementara el protocolo de tratamiento antibiótico que le prescribieron con ozonoterapia, homeopatía y cualquier técnica con efecto antiinfeccioso y estimulante del sistema inmune. Entonces éramos uno de los pocos centros especializados en Medicina Biológica con amplia experiencia en estas técnicas. En aquella época Biosalud ocupaba una superficie de 140 m2 incluyendo sala de espera, recepción, 2 despachos y 4 salas de tratamiento.

He de confesar que cuando mi secretaria me comentó previamente el motivo de consulta de este paciente, la Enfermedad de Lyme me sonaba pero, sinceramente, en ningún caso me podía imaginar la situación real de estos enfermos ni su continuo sufrimiento y el de sus familias y amigos. De frente me encontré a un paciente muy documentado en Lyme (hablaba perfectamente inglés y eso le facilitó el acceso a información de primera mano). Le había picado una garrapata cuando trabajaba en México en la construcción de una fábrica (era un gran ingeniero) y tras esa picadura había comenzado a tener dolores que no se calmaban con nada, sensaciones extrañas en la piel, aturdimiento con problemas de memorización y concentración, y una fatiga extrema. Su vida personal y profesional se había parado completamente.  Es más, con el tiempo se quedó sin trabajo y sin esposa.

“En 2011 acepté el reto de convertirme en un auténtico experto en lyme”

Me contó el periplo que tuvo que sufrir, yendo de médico en médico hasta que buscando y buscando en internet tuvo conocimiento de esta enfermedad.  Le salvó su gran capacidad de lucha y su decisión de querer curarse. Después de documentarse de una manera casi profesional (desde luego, en aquel momento sabía mucho más que yo de Lyme), consiguió contactar con una clínica en Augsburgo que llevaba 15 años tratando pacientes de Lyme. Allí le hicieron las pruebas necesarias para diagnosticarle finalmente de Lyme crónico, hoy llamado Síndrome de Multiinfección Multisistémica. Tras un par de semanas de tratamiento de choque intravenoso con antibióticos diariamente, además de otras técnicas de activación inmunitaria, le prescribieron un tratamiento con 3 antibióticos orales y varios productos drenantes, probióticos, antiinflamatorios naturales y enzimas. Además le recomendaron que al volver a España acudiera a algún centro especializado en ozonoterapia y sueroterapia ortomolecular y homeopática para asegurar el mejor resultado. Así lo hizo.

Aquel día, el 19 de Mayo de 2011, acepté el reto de convertirme en un auténtico experto en Lyme. Me comprometí con el paciente en que en unas semanas estaría a su altura de conocimientos. Recabé toda la documentación disponible y compré libros, difíciles de encontrar en aquel momento y la mayoría en inglés, algo en francés y alemán.

Dos semanas después de aquella fecha, tuve una revisión con una paciente con esclerosis múltiple. Le habíamos hecho un montón de pruebas buscando el origen y factores activadores del proceso. Encontré de todo, metales pesados, deficiencias de nutrientes, una hiporreactividad inmunitaria, virus crónicos activados… Traté todo esto, eliminando los metales pesados, desactivando las infecciones víricas, recuperando los niveles de los nutrientes deficientes y regulando el sistema inmune. La paciente mejoró, pero no lo suficiente. Y entonces, cuando la tuve delante, alguien me dijo al oído, “¿y si es un Lyme?”. Entonces, casi sin pensarlo le dije: “Hay una enfermedad que no hemos descartado y que podría ser el origen real de tu esclerosis múltiple”, y le conté el caso del reciente paciente de Lyme.

“En Alemania en 2011 ya hablaban del Lyme como de una enfermedad epidémica”

Entonces, me puse en contacto con el laboratorio alemán que me había derivado al paciente con Lyme y les expliqué el caso. Me recomendaron qué hacer y me invitaron a conocer su centro: “Venga a nuestro hospital de día y le enseñaremos todo lo que hacemos”. Estaban saturados de trabajo y buscaban un médico al que poder remitir los pacientes españoles. Ya en aquel momento pensaban que “el Lyme empezaba a ser una enfermedad epidémica”.

Envié la muestra de sangre de la paciente y las pruebas demostraron que era un claro Lyme crónico. Tenía Borrelia y varias coinfecciones.  En total, 17 infecciones que fuimos eliminando.

Me sentí por un lado aliviado (ya tenía una respuesta a mis dudas), pero por otro, muy preocupado, pues nunca había tratado a ningún paciente de Lyme. Así es que acepté el reto que Dios me había puesto encima de la mesa. Me había quedado claro que un paciente de Lyme sufre mucho. Tarda años en ser diagnosticado, y muchos ni siquiera llegan a saber que han contraído la enfermedad. Como no le encuentran nada tras pruebas de todo tipo que no son las adecuadas, acaban remitidos al psiquiatra, achacando todo a la esfera emocional. Estos pacientes se sienten incomprendidos por su pareja, familia, amigos y por supuesto los médicos. Si se da el caso de que por suerte se le diagnostica un Lyme crónico tras años de sufrimiento, los tratamientos son muy costosos y no tienen el 100% de efectividad. Quise ser médico para poder ayudar a los enfermos, y no iba a rechazar el envite.

Así estaban las cosas y por eso decidí ponerme en marcha en mi formación. El primer paso fue realizar un stage en la clínica de Augsburgo. Allí conocí al Dr. Carsten Nicolaus, que llevaba 15 años tratando pacientes de Lyme exclusivamente. Aquello era un hospital de día donde acudían pacientes de todo el mundo para recibir tratamiento antibiótico intravenoso.  En los días que estuve allí me di cuenta de la problemática mundial del Lyme. Hablé con pacientes, especialmente con los españoles, y cada uno de ellos me puso al corriente del periplo que le había supuesto llegar hasta allí. Tenían una lista de espera de 2 años!!!. Era impresionante.

El Dr. Nicolaus, mi mentor, me enseñó todo lo que sabía, me relató cual era la situación del Lyme en el mundo, y la verdad, tras esos días allí, vi que era tan fácil tener un Lyme que algo en mi interior me resonó constantemente para que me hiciera unas pruebas analíticas mi último día de aprendizaje allí.

A los 10 días, recibí los resultados. Salieron positivos!!! La verdad es que entonces sólo me sentía cansado de vez en cuando, pero en ningún caso me impedía trabajar. No me puse ningún tratamiento por falta de tiempo. Lo fui dejando…

Comencé a trabajar con las pautas marcadas por mi hoy amigo Carsten Nicolaus, mi `profe´ en Lyme.  Él seguía mucho las guidelines de la ILADS (International Lyme and Associated Diseases Society). Me hice miembro de la ILADS, de hecho durante años he sido el único español inscrito en todos los congresos y el médico de referencia de la ILADS en España. También era el único español asociado. Parecía mentira que en España nadie, salvo los enfermos de Lyme, tuviera interés en esta enfermedad. El número de pacientes que acudían a nuestra consulta fue creciendo.

Había empezado con mucha ilusión pero tengo que reconocer que mi primer año de tratar pacientes de Lyme fue una tortura permanente. Yo estaba acostumbrado a tener muy buenos resultados en los casos que habitualmente trataba. Sobre todo pacientes con alergias, problemas de dermatitis, dolores articulares, enfermedades autoinmunes y reumáticas,  y muchas candidiasis. Tenía pacientes de toda España, y de vez en cuando, de algún país vecino. Durante este primer año, lo pasé fatal y sufría por mis pacientes de Lyme. Los protocolos que me habían enseñado, mejoraban escasamente al paciente y sin embargo, era muy frecuente tener que ir cambiando de tríadas de antibióticos por los efectos secundarios de los mismos. El que no tenía náuseas, tenía acúfenos, o si no, dolor de estómago, problemas de audición, las transaminasas por las nubes o los riñones empezando a fallar. Aunque los resultados eran mejores que otro tratamiento no especializado, yo consideraba que era un desastre.

“Empecé a plantearme que había que cambiar de estrategia y mejorar mucho mi forma de tratar el Lyme”.

Las guías terapéuticas de la ILADS no funcionaban como había pensado, y el paciente sufría algo menos en la mayoría de los casos, pero sufría, y empecé a plantearme que había que cambiar la estrategia y mejorar mucho mi forma de tratar el Lyme.

A todo esto, se sumaba mi responsabilidad por el importante gasto que asumían los pacientes, especialmente por el tratamiento antibiótico. Esto me consumía completamente pues, como responsable de un centro médico y un profesional, veía que la única forma de continuar con esta dedicación es con la contraprestación económica por parte de los pacientes.

El camino. Invertir e investigar para encontrar las respuestas

Me encontraba en una disyuntiva: o dejaba de tratar pacientes de Lyme y miraba para otro lado, o me ocupaba al 100% y con todas las consecuencias. La situación me estaba consumiendo mientras intentaba hacer todo lo posible para llenar el vacío terapéutico y diagnóstico. Finalmente tomé una decisión que marcaría mi vida y la de mi familia, no podría mirar hacia otro lado con estos pacientes.

A estas preocupaciones se sumaban las voces críticas de colegas que, indocumentados en Lyme y confundiendo el Lyme agudo con el crónico, decían a los pacientes que les estaba engañando y sacando el dinero. Entre sus argumentos se encontraban que el Lyme crónico no existía o que las pruebas que hacíamos de inmunidad celular no eran válidas. La situación era vergonzosa porque esto lo afirmaban especialistas que nunca habían recibido formación sobre Lyme y a quienes no me había encontrado jamás en un congreso específico de Lyme en ningún país europeo ni en Estados Unidos. La mayoría no han vuelto a decir nada ante las críticas que les hicieron mis pacientes curados. Pero su ego les impidió llamarme para interesarse de cómo lo había hecho, y puedo asegurar que con mucho gusto les hubiera enseñado. Allá ellos, aunque lo siento por sus pacientes.

Mi decisión estaba tomada. Por supuesto que seguiría con el reto que mi carrera me había puesto encima de la mesa y empecé a prepararme. Por un lado, asistí a formaciones y congresos de Lyme por todo el mundo y leí toda la literatura médica al respecto. Además, visité diferentes clínicas europeas y americanas especializadas en Lyme. En cuanto al tratamiento, quise aplicar mis conocimientos de 25 años con ozono, acupuntura, homeopatía, mesoterapia, terapia neural, fitoterapia, medicina funcional, oligoterapia o sueroterapia ortomolecular, entre otros. Diseñé un protocolo de actuación y personalicé todos los tratamientos. Fue así como los resultados mejoraron y comencé a aliviar a todos los pacientes. Mi vida cambió, pues a pesar de un gran esfuerzo personal y familiar, cada vez que daba un alta, todo me compensaba.

“¿Cómo se pueden eliminar los efectos secundarios de un antibiótico? Ahí estaba la clave para la mejora real del paciente”.

Además algo me rondaba constantemente en la cabeza. Para que el tratamiento fuera más eficaz, tenía que buscar la manera de poder utilizar los antibióticos de un modo en que pudiera mantener e incluso potenciar sus efectos antibacterianos y eliminando los efectos secundarios. Todos los días la misma matraca. ¿Cómo podría hacerlo? Después de muchas vueltas, decidí estudiar Farmacia y tenía que hacerlo compatibilizando el trabajo con la Universidad, fuera de Zaragoza. Así lo hice y con las convalidaciones y un esfuerzo titánico, acabé Farmacia en 2 años.  Mi hijo Alex que era veterinario, también.

Sin embargo, me faltaban herramientas para mejorar aún más mis resultados. Me di cuenta de que necesitaba otra estructura clínica y mucho más espacio. Necesitaba un Hospital de Día.

Llegué a casa y les dije: “tenemos que hacer un Hospital de Día sí, o sí. Vamos a romper la hucha y tendremos que endeudarnos, pero no puedo atender a pacientes de Lyme sin todas las opciones posibles. Necesito ponerles sueros con antibióticos, hipertermia, …”  Tengo una gran familia, todos me apoyaron, sobre todo mi mujer, Ana, a la que tengo que agradecer todo su apoyo en los momentos difíciles en los que de vez en cuando me encontraba.

Y al poco tiempo, Dios me ayudó y pusieron a la venta varios locales vecinos al de Biosalud y pudimos ampliar nuestras instalaciones hasta unos 1.200 metros en total.

Diseñamos unas instalaciones acordes con lo que necesitábamos, y la verdad, todo era mucho dinero.  Pero nuevamente Dios me ayudó. Como ocurre siempre, las obras se retrasaron tanto que al final, como lo programamos todo de manera que no tuvimos que cerrar salvo para las vacaciones de verano de 2016, seguimos trabajando y cada vez en más superficie operativa.  Los pacientes se multiplicaron y pudimos hacer frente a nuestra inversión familiar. Finalmente en octubre de 2016 se terminaron 2 años interminables de obras con todo lo que supone.

El impulso. Oportunidades, encuentros
y el recuerdo del Dr. Ángel Bueno Gracia

Tuvimos la oportunidad de adquirir varios locales junto al de Biosalud y dos años después, el 29 de octubre del 2016 inauguramos nuestro anhelado Hospital de Día, dentro de la programación de actividades de la 1ª Jornada de Medicina Integrativa de AESMI (Asociación Española de Médicos Integrativos). El primer Hospital de Día de Medicina Integrativa en España acababa de nacer oficialmente y, a día de hoy, sigue siendo el único especializado en el diagnóstico y tratamiento del Lyme crónico.

En Biosalud Day Hospital incorporamos todas las técnicas que habían demostrado efectividad con base científica en el tratamiento del Lyme crónico. En aquel momento ya éramos el centro clínico más especializado de Europa, una condición que hemos reforzado con la incorporación del Dr. Nicolaus como consultor. La clínica BCA (Borreliosis  Centrum Augsburg) ha cerrado y el Dr se dedicará a la investigación en el BCA Lab, el laboratorio más especializado de Europa en el diagnóstico de las enfermedades transmitidas por artrópodos, ampliando actualmente sus servicios a otras patologías. Es más hace unos días, en abril del 2020, el Dr. Nicolaus, aprovechando la crisis de la COVID 19 que se extendió por todo el mundo, y cansado del tremendo stress que sufrimos los médicos que tratamos pacientes de Lyme, decidió cerrar definitivamente el BCA (Borreliosis Centrum Ausburg), su hospital de día, para dedicarse a la investigación y manteniendo BCA Lab. Por eso hoy, 23 de junio de 2020 a día de hoy, contamos con él como consultor.

A día de hoy, Biosalud Day Hospital es el centro clínico más especializado de Europa y uno de los más importantes a nivel mundial, en el diagnóstico y tratamiento del Lyme crónico. Nuestros resultados de pacientes curados son un 20% superiores a todas las estadísticas publicadas en todo el mundo.

Mi historia con la Enfermedad de Lyme ha venido cargada de encuentros que me han permitido avanzar con pasos firmes. En el verano de 2017, coincidí durante mis vacaciones con un amigo y colega farmacéutico con el que ya trabajaba desde hacía años, pues era de los pocos profesionales que conozco capaces de solucionar nuestros frecuentes retos de formulación magistral en el tratamiento del Lyme y otras muchas patologías crónicas. Tomando una cerveza le dije: “Llevo años dándole vueltas y creo que he dado con el chiste de poder ofrecer el no va más en el Lyme crónico. Necesito que me prepares algo que nunca nadie ha hecho: antibióticos liposomados en solución estéril para administración en sueros intravenosos, y también en solución oral”. Y me dijo, “cuenta con ello. Déjame hacer unas pruebas durante este verano y para septiembre te lo tengo listo”. Me preguntó algunos detalles técnicos sobre cómo lo iba a utilizar, los antibióticos que necesitaba, cómo los iba a combinar, la concentración que quería, la dosis que utilizaría, y un largo etcétera. Se nos pasó la mañana sin darnos cuenta, pero los dos con una ilusión indescriptible. Al terminar después de varias horas, nos despedimos con un abrazo. Él era el único farmacéutico del mundo que yo conociera, que fuera capaz de coger este reto y sobre todo, superarlo. Cuando se lo comenté a mi mujer, se me saltaban las lágrimas. Había solucionado mi gran problema. Combinar todas las técnicas que me estaban dando ya muchas satisfacciones, con el tratamiento antibiótico, libre de efectos secundarios (aunque esto era en teoría, veríamos en la práctica si no me había equivocado.)

Y nuevamente mi amigo Fernando lo hizo!!, y a mitad de septiembre tenía encima de mi mesa unos viales listos para diluir en suero fisiológico y varios frascos con alguno de los antibióticos liposomados que le había dicho.

“Con la mejora de los pacientes algo me decía que íbamos a hacer historia, pero supuse que esto era solo el primer paso de un gran camino”

Desde ese momento empecé a combinar mis protocolos personalizados incluyendo diferentes técnicas de la Medicina Biológica con las guías terapéuticas de la ILADS en el Lyme crónico.

Cuando comencé a administrar los protocolos personalizados a cada paciente, algo me decía en mi interior que íbamos a crear historia. Así ha sido. Siguiendo nuestra costumbre y las recomendaciones de la ILADS, a los 2 meses hicimos el primer control analítico, y en la mayoría de los casos encontramos que prácticamente todos los pacientes habían mejorado, unos más, otros menos, y muchos también sintomáticamente. Y eso sí, ni un solo efecto secundario, las transaminasas y la función renal, perfectas. Y además, nadie con náuseas, cefaleas, diarreas, ni nada de nada. Ni siquiera los niños autistas por Lyme. Fue emocionante, pero la verdad, supuse que esto era sólo el primer paso de un gran camino que estaba empezando a andar y que si seguía la estela que Dios y mi padre ya fallecido me marcaban, se cambiaría la historia del Lyme en el mundo.

Esta alegría tan inmensa de ya haber conseguido parte de lo que buscaba, me ayudó a seguir luchando, con más empeño que nunca. Empecé a pensar el por qué habían mejorado las analíticas tan pronto, en una enfermedad de tan largo recorrido. Siempre digo a mis pacientes que un tratamiento de Lyme dura como mínimo 6 meses y que puede durar años, e incluso no curarse nunca.

Empecé a darle vueltas y vueltas al por qué esta mejoría tan rápida, siendo los mismos antibióticos de las Guias terapéuticas de la ILADS.  Y tras darle muchas vueltas, finalmente encontré explicaciones a mis preguntas: al estar los antibióticos liposomados, no solamente se absorben 10 veces más, lo que permite usar el 10% de la dosis convencional, y así no tener efectos secundarios; pero es que además, encontré dos ventajas más que cambian la historia del Lyme. Los antibióticos liposomados traspasan la barrera hematoencefálica, cosa que no logran los antibióticos en la forma farmacéutica habitual, y eso hace que las Borrelias, que se hacinan en el cerebro, también mueran por el tratamiento.

Pero además tenemos otra ventaja excepcional, los antibióticos liposomados, todos, penetran dentro de las células, donde está la Borrelia, y que son las causantes de tantas recaídas en pacientes ya dados de alta.

Pues hasta hoy, 23 de junio del 2020, tras 2 años y medio de aplicar antibióticos liposomados en el Lyme crónico, no he tenido recaídas en nuestros pacientes, esperemos que sigamos manteniendo esta estadística.

Es más, por nuestro carácter innovador y avances en el diagnóstico y terapia, hemos sido reconocidos por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Universidades como EMPRESA INNOVADORA. Vamos a seguir adelante, y el Lyme se ha convertido en nuestra misión.

Es por eso que queremos seguir investigando en sistemas de diagnóstico y tratamiento cada vez mejores, más eficaces y que además, acorten la duración de la enfermedad, recuperando al paciente en mucho menos tiempo.

A primeros de este año 2020 inicié el tratamiento de mi Enfermedad de Lyme, con un protocolo similar al de mis pacientes. Puedo confirmar todo lo dicho hasta ahora. Nada de efectos secundarios, es más no he parado ni un solo día de trabajar, poniéndome un mes los sueros con antibióticos liposomados y luego un par de meses con los orales, y un montón de complementos necesarios según mis analíticas. Los resultados han sido sorprendentes. Ya no tengo prácticamente síntomas, aunque aún no me he dado el alta.

“Quiero que la fundación sirva para obtener los apoyos económicos que nos permitan afrontar los proyectos de investigación”

La creación de la Fundación Dr. Ángel Bueno Gracia es por un lado mi reconocimiento a mi primer profesor de Medicina, mi maestro, un buen padre y mejor profesional. Persona innovadora constantemente y gran buscador de la Verdad. Por otro, quiero que sirva para buscar más apoyos económicos para afrontar nuestros proyectos de investigación que nos permitan abaratar los tratamientos, hacerlos más cortos en el tiempo, las pruebas más fiables. Finalmente, divulgar esta enfermedad y exigir su total reconocimiento para los pacientes que la sufren e incluso poder formar a médicos de todo el mundo que puedan aliviar y curar a los pacientes con Lyme que no están diagnosticados o poseen diagnósticos erróneos o incompletos.

Hay un último motivo, la Fundación quiero que sea también un reconocimiento a mis pacientes y a todos los enfermos de Lyme del mundo, diagnosticados o no, quiero que sea una Luz de esperanza, y un soplo de aire fresco que ayude a llevar esta enfermedad tan agresiva y destructora, mientras cambiamos la Historia. El paciente de Lyme no se debe sentir solo, tampoco su familia, la Fundación va a estar trabajando para cada uno de nosotros, enfermos de Lyme, para ayudarnos a salir de esta situación y disfrutar de una salud plena y que finalmente nuestro paso por esta enfermedad solamente quede como un medio para llegar a esa nueva situación de Felicidad, Salud y Amor al prójimo.